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La historia y el oficio de las mujeres caficultoras colombianas, la vida de la primera cumbiera vocalista de una orquesta profesional en el país y una oda a la impermanencia a partir de prendas construidas con técnicas de comunidades tradicionales. Esos son algunos de los puntos de partida desde los que Alado, Juan Pablo Socarrás y Manuela Álvarez construyeron sus recién presentadas colecciones en Colombiamoda 2026.

A pesar de las diferencias en las trayectorias y los estilos de cada una de estas tres firmas, no solo en ellas, sino también en varias de las propuestas de esta edición, hubo un factor en común: la aparición de tradiciones culturales y artesanales, no solo como inspiración, sino también como un elemento técnico y estético crucial.

En esa medida, una de las preguntas que han aparecido –solo por poner un ejemplo– al ver aquellas faldas largas, sombreros y blusas con boleros que inevitablemente recuerdan y, de hecho, son una reinterpretación del traje campesino presentado por la marca de moda de autor antioqueña Alado este martes, es por qué esas piezas, que hicieron parte de la vida cotidiana de nuestros ancestros y que ahora hacen parte de nuestras tradiciones culturales, son consideradas lo suficientemente relevantes como para ser repensadas y luego presentadas en una pasarela, que vemos como sinónimo de novedad, cuando estas ya están instaladas en lo cotidiano y, para nosotros, no son objeto de esa novedad con la que relacionamos la moda.

Primero, para tratar de explicarme esto, recuerdo aquel escándalo que llenó las redes sociales en 2025, cuando comerciantes e influencers chinos aseguraron que era allí, y no en sus talleres en Europa, donde las grandes marcas de lujo elaboraban artículos como bolsos que pueden llegar a costar miles de dólares. Aunque buena parte de esas publicaciones terminó siendo falsa, sí sembraron dudas en un contexto en el que ya había iniciado un cambio en la concepción del lujo –que es donde se enmarcan, entre otras cosas, las piezas producidas por marcas como Dior, Chanel o Valentino–.

Aunque la caída de la demanda obedece a múltiples factores, uno de ellos es que estas piezas ya no representan el estatus que desea proyectar quien las compra, sino que el valor, el verdadero lujo, se encuentra en productos con otro tipo de características. Y eso se conecta, aunque de manera insospechada, con la pregunta del principio.A eso se suma un fenómeno en el que las personas encuentran cada vez más valor en prendas y experiencias –porque esto se extiende incluso a otras industrias– con una carga emocional y una autenticidad profundas, cualidades intrínsecas de aspectos como los materiales con los que están hechas las piezas, quién y por qué las hizo, y cómo fueron diseñadas y fabricadas.

El tema central de Colombiamoda es “Uniqueness is the New Luxury”, el cual plantea una discusión sobre “por qué la autenticidad, la identidad y el valor cultural están redefiniendo el lujo”. Dentro de ese “nuevo lujo”, lo artesanal y la tradición ocupan un lugar relevante: ahora son inspiración, técnica y oferta de valor.

“El lujo ya no se entiende como esos objetos de las grandes marcas o de los diseñadores europeos que cuestan millones. Esta nueva concepción del lujo implica ser capaces de mirar hacia adentro y valorar la tradición artesanal que tenemos en todos los sectores: el textil, la marroquinería, el calzado y la joyería, para integrar todo ese patrimonio a los productos de moda”, explica William Cruz Bermeo, profesor de la UPB e investigador de moda

 

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