Cuando antaño las armas de repetición quedaban mal hechas y la pólvora se devolvía, nuestros ancestros hablaban de que les había salido el tiro por la culata. Con el paso del tiempo esa expresión ha cobijado a todo aquello que planificado para determinados fines resulta saliendo a la inversa. Exactamente es lo que está pasando por estos días al ultraderechista, homofóbico, misógino y anti ambientalista Jair Bolsonaro a quien los brasileros eligieron presidente en mala hora. Durante toda su campaña, (accidentada por cierto porque trataron de matarlo en una manifestación cuando lo llevaban en hombros), el señor Bolsonaro predicó que había necesidad de aumentar el área de la  tierra brasilera cultivable o pastoreable y que como tal desarrollaría una serie de medidas para autorizar a agricultores y ganaderos a tumbar selva amazónica e incorporar esas tierras la productividad nacional.

Se desesperaron tanto los poderosos y apoyados hombres del campo brasileros por limpiar monte ,que terminaron usando la candela para acelerar la tumbadera del bosque y hoy en día han armado un infierno que amenaza a la humanidad. Pero más grave aún, el señor Bolsonaro en vez de buscar ayuda internacional o de tomar medidas para poner alivio a la conflagración emprendió baterías desde sus trincheras presidenciales contra los ambientalistas a quienes acusó de ser los causantes de los incendios.

Evo, el de Bolivia, que había conseguido una ley para aumentar la frontera agrícola en Santa Cruz y se sintió culpable de haber propiciado en menos escala lo que Bolsonaro aúpó de manera exagerada, actuó inmediatamente y con las uñas o con gigantesco avión cisterna alquilado trata de apagar el incendio. Ahora le corresponde a Bolsonaro defenderse de la condena mediática y presidencial de muchos países del mundo y por qué no, poner sus barbas en remojo para ser juzgado en la CPI por crímenes contra la humanidad.

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