VENI CHARLEMOS
POR Jimena Toro Torres
Creo que el amor tiene un poder inmenso: transforma sin hacer ruido. He aprendido que amar no es solo sentir afecto, sino ayudar, comprender, acompañar y no juzgar. El amor verdadero no critica, construye. Y cuando se vive desde ahí, todo cambia.
Me gusta abrazar y se que muchas personas en un momento de sus vidas han necesitado de mi abrazo y me lo han dicho, y es que un abrazo sincero siento que puedo ofrecer alivio, consuelo o simplemente cercanía. Lo he sentido cuando visito a una persona hospitalizada, a un adulto mayor en un ancianato, a una niña o niño que hace la fila varias veces para volver a sentir cariño, ese que no reciben de su familia, porque se piensa que no es necesario.
La soledad es una consecuencia del auge tecnológico, cada vez estamos más cerca del celular y del computador y más lejos de las personas. Cada vez la humanidad cree más en que el dinero soluciona todo y nos olvidamos del ser, y es allí cuando aumenta la depresión y los problemas de salud mental, la gran epidemia del siglo XXI
El amor se nota en los pequeños detalles. Mi papá decía que, “se siente en la sazón de la comida, cuando es preparada con cariño”, y hoy entiendo que también se nota cuando haces las cosas con el corazón: cuando ordenas tu casa, cuando trabajas con dedicación o escuchas a alguien sin interrumpirlo. Todo lo que se hace con amor deja huella.
Me gusta tratar bien a los demás, recibir con una sonrisa, incluso cuando estoy atravesando mis propios desafíos. Entendí que mis problemas no son culpa de nadie, y que el cariño de los otros muchas veces me ayuda a sanar, a transformar mis días grises en momentos de luz.
He comprendido que callar en un momento tenso no es debilidad, es también un acto de amor. A veces no responder es la mejor manera de cuidar, de no herir, de construir en lugar de destruir. Amar también es pensar antes de hablar, es poner el corazón por encima del orgullo.
Cada día intento ser una persona que construye, no que critica. Que ayuda, no que juzga. Porque el amor no busca tener la razón, busca sanar. Cuando actuamos desde el amor, el entorno se transforma: los conflictos se vuelven aprendizajes y las palabras se convierten en puentes que ayudan a aliviar las cargas.
Estoy convencida que, si cada uno de nosotros hiciera un esfuerzo por mirar con amor, el mundo sería un lugar más amable, es hora de cambiar, de dejar a tras tantas historias de odio.
Yo elijo vivir así: abrazando, escuchando, ayudando, construyendo. Porque he comprobado que cuando transformo mi vida desde el amor, todo a mi alrededor también se ilumina.


















