por Jimena Toro | Abr 16, 2026 | Opinion

VENÍ CHARLEMOS
Por Jimena Toro Torres
Nos enseñaron que los zapatos que cambian vidas existen en los cuentos, como los de Cenicienta o los de Dorothy Gale en El mago de Oz. Zapatos que aparecen en el momento justo para transformar destinos. Pero la realidad, más silenciosa y más dura, nos ha demostrado que esos zapatos también existen fuera de la fantasía. Y que no llevan a castillos, sino a algo igual de valioso: un salón de clase.
Esta semana acompañé a la gobernadora Dilian Francisca a entregar zapatos escolares en instituciones públicas. Es una campaña que inició en 2016 y que, sin duda, es una de las más significativas y emotivas que he vivido. Ver cómo se transforman los rostros de niños y jóvenes al cambiar zapatos desgastados, a veces rotos, por unos nuevos, no solo conmueve: nos cambia la forma de entender la realidad social.
No es que no sepamos que existe la pobreza. Es que pocas veces nos detenemos a mirar cómo se vive, cómo se enfrenta y cómo, incluso en medio de tantas dificultades, hay quienes no renuncian a sus sueños.
Así comenzó todo.
En 2016, un joven estudiante se acercó a la gobernadora con una petición sencilla: no quería que le cambiaran su jornada escolar de la tarde. Al principio, parecía una solicitud más. Pero la verdad era otra.
El joven no podía asistir en la mañana porque no tenía zapatos para ir al colegio.
Cada día esperaba a que su hermano regresara de su jornada escolar al mediodía para prestárselos. Solo entonces podía salir a estudiar. No era falta de disciplina ni desinterés. Era la única forma de seguir adelante.
Ese par de zapatos compartidos sostenía mucho más que sus pasos: sostenía su sueño.
La historia no terminó ahí.
En el Valle del Cauca, ese momento se convirtió en acción. Porque hay historias que no pueden quedarse en la emoción: exigen respuesta. Así nació un programa que hoy llena de orgullo a toda una región. Miles de estudiantes reciben, al inicio de su año académico, dos pares de zapatos: uno de diario y otro para educación física.
Pero el impacto fue más profundo. La comunidad también fue protagonista. Hombres y mujeres aprendieron a coser y fabricar calzado, creando talleres que generan empleo y dignidad.
Hoy, miles de niños caminan distinto. No solo porque tienen zapatos, sino porque sienten que alguien creyó en ellos.
Y entonces entendemos algo esencial: cambiar una vida no siempre requiere magia. A veces, basta con un par de zapatos.
por Jimena Toro | Mar 6, 2026 | Opinion

VENI CHARLEMOS
Por Jimena Toro Torres
Este 2026 el día internacional de la mujer coincide con la fecha electoral al congreso de la república y es un buen momento para recordar las luchas y conquistas de quienes nos antecedieron: desde quienes exigieron el derecho al voto hasta las que abrieron puertas en universidades y escenarios gubernamentales y políticos, porque ese reconocimiento enmarca lo que significa la sororidad, que no puede convertirse solo, en una palabra bonita y de moda para compartir en redes sociales; su significado debe ser una práctica cotidiana que exige coherencia.
No basta con repetirla cada vez que el calendario marca el 8 de marzo. La sororidad se demuestra en los gestos pequeños y en las decisiones grandes: cuando escuchamos sin juzgar, cuando recomendamos a otra mujer para un puesto, cuando defendemos su trabajo, cuando creemos en su historia, cuando rechazamos los ataques misóginos, esa hermandad consciente entre mujeres.
La verdadera sororidad implica escuchar sin juzgar y respaldar sin condiciones: un principio básico que debería unirnos más allá del nivel social, edad o profesión. Todas hemos enfrentado obstáculos, invisibilización o violencia en distintos grados, y eso es realmente lo que debería unirnos
Sin embargo, aunque el 8 de marzo se nos despierta a las mujeres ese sentimiento de unión, a lo largo de los días lo olvidamos, basta con ver las redes sociales y las criticas y juzgamientos constantes que encontramos en historias cotidianas:
“un hombre asesino a sus dos hijos en Brasil porque descubre la infidelidad de su esposa”, y todas salimos a criticar a la mujer infiel y no al desquiciado hombre que no midió sus actos, o la historia de TilTok, cuando un grupo de jóvenes que se identificaron como “mujeres de derecha” y expresaron ideas que muchos vieron como una minimización del feminismo y de la lucha histórica por los derechos de todas. En lugar de tejer puentes, el clip fue objeto de críticas, burlas e incluso ataques personales entre mujeres, que se atrevían a comentar en esas redes sociales desconociendo las luchas colectivas que lograron derechos laborales, políticos y sociales para todas
Y más reciente mente, en un reality de la televisión colombiana, donde una mujer es atacada verbalmente por afirmaciones que hace su esposo y las demás mujeres participantes se unen al misógino y las otras deciden no intervenir. Episodios como estos, no nos ayudan; más bien alimentan la misoginia y la división social que, en última instancia, debilitan nuestras propias causas.
Hoy quiero invitarlas a todas, a elegir no participar en ese juego, porque la verdadera sororidad está en celebrar los logros ajenos sin sentirlos como amenaza. En acompañar a otras mujeres en el error en lugar de exhibirlo. En comprender que el éxito de una abre camino para muchas más.
Si queremos un cambio real, debemos empezar por nosotras. Que nuestra voz no sea para señalar, sino para sostener. Que nuestras diferencias no sean motivo de distancia, sino de aprendizaje. La sororidad no es discurso: es acción diaria, valiente y consciente. Y cuando la vivimos de verdad, transforma no solo nuestras relaciones, sino también el mundo que habitamos. Este año las invito a celebrar con menos flores y más sororidad. Feliz Día Internacional de la Mujer
por Jimena Toro | Ene 14, 2026 | Opinion

Vení Charlemos
Por Jimena Toro Torres
Quiero empezar mi primera columna del 2026 con esta pregunta: ¿Que tanto crees en ti?
Cada inicio de año llega cargado de sueños, ilusiones, esperanzas y metas por cumplir. Algunas se quedan en el camino; otras prosperan y se convierten en logros que transforman nuestra vida. Hace algunos años, alguien me habló del mapa de los sueños y de la importancia de realizar este ejercicio para enfocar nuestros propósitos anuales. No se trata solo de planear, sino de atrevernos a visualizar en el presente aquello que deseamos construir. Hoy quiero compartir esta enseñanza porque estoy convencida de que, cuando tenemos claro lo que queremos y nos enfocamos con fe y actitud positiva, las posibilidades se multiplican. El poder de la mente es infinito y, cuando lo descubrimos, nuestra vida cambia: dejamos de ser espectadores y nos convertimos en co-creadores de nuestro futuro.
Hace unos días escribí en mis redes sociales un mensaje que conectó profundamente con muchas personas. Hablaba de la importancia de autovalorarnos, de creer que somos capaces sin importar lo que otros piensen, de mirarnos al espejo cada mañana y reafirmarnos con palabras de amor. Porque, muchas veces, somos nosotros mismos quienes nos juzgamos con mayor dureza, quienes maltratamos nuestro ego y nos autosaboteamos. Tal vez ese debería ser uno de los primeros propósitos del 2026: perdonarnos, valorarnos y tratarnos con la misma compasión que ofrecemos a los demás.
A través de los encuentros de “Vení Charlemos”, que realizo desde hace dos años, he conocido personas extraordinarias: creativas, comprometidas, generadoras de empleo, que hacen grandes cosas por ellos y por otros. Sin embargo, también he visto cómo muchos no alcanzan a dimensionar lo valiosos que son ni el impacto real de sus acciones. Esa falta de autovaloración termina convirtiéndose en una barrera silenciosa para su crecimiento.
Por eso hoy quiero invitarte a detenerte, a mirarte con honestidad y gratitud. Construye tu propio mapa de los sueños. Empieza haciendo una lista de todo lo que sí lograste el año que terminó, incluso aquello que te pareció pequeño. Reconoce tus avances, celebra tus victorias y agradécete el camino recorrido. Elige creer en ti. Porque cuando nos valoramos, cuando nos reafirmamos y actuamos desde esa convicción, no solo transformamos nuestra vida: también inspiramos a otros a hacer lo mismo. Hoy es el momento de empezar.
por Jimena Toro | Dic 22, 2025 | Opinion

Vení Charlemos
Por Jimena Toro Torres
La Navidad llega cada año como una pausa necesaria. No es solo el cierre de un calendario, es una invitación a detenernos, a reflexionar y a hacer balances sinceros sobre lo vivido. Es el momento de reconocer lo bueno que hicimos, lo que dimos con amor, pero también de aceptar aquello que quedó pendiente y que nos invita a hacerlo mejor cuando inicia un nuevo año.
En mi vida, esta celebración tiene raíces profundas. Mi mamá y mi papá nos enseñaron a disfrutar la Navidad desde el compartir con familia y amigos. Nos inculcaron el valor de reunirnos y de cuidar los lazos que nos unen. Cada día de novena es un motivo para reencontrarnos, para conversar, reír y recordar. La Navidad huele a familia, y ese aroma me recuerda a mis padres y a mis abuelos, a sus tradiciones, a sus gestos sencillos y a su forma amorosa de celebrar.
Desde hace varios años, la Navidad también tiene para mí un profundo sentido social. Cada año realizo una campaña para entregar regalos, y este 2025 fue en Buenaventura. Más que un obsequio, lo que realmente importa es ver cómo la solidaridad se impregna en las personas, cómo muchas y muchos quieren dar a otros lo que tienen. Me emociona ver la sonrisa de los niños y las niñas al recibir un juguete, y la gratitud de sus madres, que muy seguramente no tenían cómo comprarlo.
La navidad es mágica, pero no es la fecha la que produce la magia, la crean las personas que amamos y con quienes compartimos. La Navidad vive en los encuentros, no en el calendario.
En esta época veo cómo la gente se vuelve más generosa: en los semáforos, en los barrios, en los pequeños gestos cotidianos. La Navidad despierta algo profundo, una necesidad de ayudar, de tender la mano, de mirar al otro con más humanidad.
Guardo recuerdos que no se borran. En una ocasión, durante una campaña en el sector del Calvario, un barrio históricamente golpeado de Cali, una señora de cerca de 80 años, humilde, pero con un corazón inmenso, se acercó para regalarme unas sandalias y pedirme que se las diera a alguien que las necesitara. Ese gesto me enseñó que la verdadera riqueza está en compartir.
La Navidad también es un tiempo de sensibilidad. Extrañamos más a quienes ya no nos acompañan, a esos seres queridos cuya ausencia se siente con más fuerza. Aun así, su recuerdo nos impulsa a amar mejor. Amo la Navidad, amo compartir un alimento, amo la alegría que irradia. Conservar esta tradición, tan propia de nuestro país y de nuestra gente, es mantener viva la memoria, la familia y la solidaridad.
por Jimena Toro | Nov 18, 2025 | Nacional

Vení Charlemos
Por Jimena Toro Torres
He llegado a la conclusión de que escuchar a la gente ha sido mi mayor aprendizaje, hace 3 años inicié el ejercicio de Vení Charlemos, en donde más que hablar yo, buscaba escuchar a la gente, conocer historias e intentar cambiar vidas y en esa búsqueda encontré, que oírlos es la forma más honesta y profunda de aprender. Ningún libro, ningún discurso y ninguna cifra logra enseñarme tanto como una conversación sincera con quienes encuentro en mi camino por los municipios del Valle del Cauca. Allí, en cada voz, en cada historia que surge sin adornos, he descubierto lecciones que se quedan tatuadas en el alma.
Conocí el Valle del Cauca, viajando por sus carreteras, sin prisa, dejándome llevar por lo que la gente quería contarme, sentándome en la carretera hacia Buenaventura frente a un fogón de leña, escuchando las historias del vendedor de arepas, sus sueños y visión frente a la realidad diaria en la que vive. En los corregimientos y veredas, he visto a los campesinos caminar entre surcos con un orgullo que solo entiende quien ha sembrado con esfuerzo y ha esperado, día tras día, la bendición de la cosecha. Cuando me muestran el fruto de su trabajo, recuerdo a mis abuelos y su alegría serena, cuando cultivaban algodón, una satisfacción que nace de saber que, aunque la vida sea dura y a veces injusta, su lucha sostiene a todo un departamento. Escucharlos me recuerda que la grandeza no siempre está en lo visible, sino en esas manos anónimas que alimentan a todos.
También he vivido momentos que me estremecen. Recuerdo la historia de una cuidadora que dedicó años a acompañar a su familiar sin esperar nada a cambio. Su voz temblaba cuando hablaba del cansancio, pero también de la fortaleza que uno descubre cuando ama de verdad. Y jamás olvidaré lo que sentí al ver su rostro iluminarse cuando recibió una silla de ruedas que cambiaría por completo la vida de ese ser querido. Era felicidad pura, de esa que nace en lo más profundo y se expresa en una mirada que lo dice todo sin pronunciar una palabra. En ese instante entendí, una vez más, que el mayor aprendizaje no viene de lo que uno entrega, sino de lo que uno recibe cuando escucha.
Porque escuchar no es solo oír palabras. Es reconocer la dignidad del otro, incluso en la diversidad, incluso en la carencia. He visto personas que, aun teniendo tan poco, agradecen con el corazón lleno y ofrecen una sonrisa que desarma cualquier preocupación. Cada historia que encuentro en mi camino por el Valle del Cauca me recuerda, que la verdadera sabiduría está en la gente. En sus luchas, en su resiliencia, en su capacidad de agradecer aun cuando la vida no ha sido generosa. Por eso sigo escuchando: porque allí, en su voz, encuentro siempre mi mayor aprendizaje.