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Vení Charlemos
Por Jimena Toro Torres

Ser mujer nunca ha sido fácil. Desde niñas aprendemos a cuidar, a sonreír, aunque estemos cansadas, a multiplicarnos entre el trabajo, el hogar, los hijos y los sueños que muchas veces dejamos en pausa. Nos enseñaron a ser fuertes, pero también a ser dulces; a ser inteligentes, pero además a vernos bien, porque siempre hay alguien dispuesto a opinar sobre nuestro pelo, nuestro cuerpo o nuestra edad. Mientras a los hombres se les mide por sus logros, a nosotras se nos juzga por la apariencia. Y aun así, con todo en contra, seguimos de pie.
En el Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro encarna la historia de muchas mujeres que han tenido que abrirse camino en medio de los prejuicios. Ella ha vivido lo que tantas hemos sentido: la mirada que duda, el comentario que descalifica, la etiqueta injusta que busca restarle valor a nuestro esfuerzo. Y cuando una mujer, con inteligencia, carácter y disciplina, logra salir adelante, nunca faltan las voces que intentan minimizar su logro diciendo que “es la esposa de”, o inventando rumores para dañar su reputación. A los hombres se les aplaude el éxito; a las mujeres, muchas veces, se les cuestiona por tenerlo.
A pesar de ello, Dilian y muchas otras han demostrado que el trabajo serio, la constancia y el amor por la gente pueden más que cualquier murmullo. Su gobierno ha sido una mano extendida hacia las mujeres: ha abierto espacios en cargos directivos, ha impulsado el emprendimiento femenino, ha reconocido la labor de las mujeres cuidadoras, y ha creado oportunidades educativas para jóvenes que sueñan con transformar su futuro. Son acciones que nacen de la convicción de que el progreso de una sociedad empieza cuando las mujeres tienen voz, dignidad y oportunidades reales.
Pero este camino no comenzó con nosotras. Lo labraron antes muchas mujeres valientes, aquellas que alzaron la voz cuando todo les decía que callaran. A ellas les debemos poder votar, estudiar, trabajar y participar en política.
Hoy nos toca continuar esa lucha, pero también cuidarnos entre nosotras, dejar de juzgarnos, de compararnos, de hacernos daño. Necesitamos aprender a ser aliadas, no rivales.
Porque cuando una mujer cae, todas lo sentimos, y cuando una mujer se levanta, nos levanta a todas.
Nadie dijo que sería fácil o que todos nuestros derechos ya se habían conquistado, aquí estamos: fuertes, sensibles, valientes, demostrando que ningún prejuicio puede apagar la luz de una mujer que cree en sí misma y en las demás, cada día seguirá siendo un reto para demostrar que mujer es sinónimo de inteligencia, de capacidad, de fortaleza, de tenacidad y por supuesto de lucha y de respeto.

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