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Farandula

Remanence, la firma de moda en que participa Maluma, y que durante el último año recorrió el país con su Pop Up Tour, inauguró Remanence Center, su primera tienda permanente, en Wake Living, Medellín, la ciudad donde nació y desde donde hoy proyecta su expansión por Latinoamérica.

El espacio, de 46 metros cuadrados, fue concebido como un refugio en medio de la ciudad. Su arquitectura combina tapia, madera, piedra y acero inoxidable para llevar la naturaleza al centro urbano y crear un ambiente que invita a desacelerar.

Más que un punto de venta, Remanence Center está pensado como un punto de encuentro: un lugar para detenerse, compartir y construir relaciones alrededor del bienestar, que desde el día uno acogerá lanzamientos, conversaciones y experiencias alineadas con la esencia de la marca.

“Más que una tienda, Remanence Center representa la evolución natural de la marca. Después de un año recorriendo Colombia con nuestro Pop Up Tour, entendimos que la comunidad buscaba mucho más que un lugar para comprar. Este espacio nace para consolidar ese recorrido y convertirse en un punto de encuentro donde las personas puedan conectar con la filosofía de Remanence y vivir la marca de una forma más cercana”, afirma Ana Villegas, Directora Comercial y Creativa de Remanence.

La apertura llega acompañada del lanzamiento de Golf Gorp, la nueva colección de la marca, inspirada en la estética retro del golf y reinterpretada desde un enfoque técnico outdoor. Los cortes limpios, la comodidad y la elegancia deportiva de este deporte se trasladan a prendas para hombre y mujer pensadas para el día a día, fieles a la esencia gorpcore que caracteriza a Remanence.

La línea masculina incluye camisetas, pantalones y chaquetas, con precios entre $284.900 y $755.000 COP; la femenina lanza un midlayer y un biker, acompañados de chaquetas y pantalones repelentes al agua diseñados para adaptarse con naturalidad al universo lifewear.

El protagonismo textil sigue en manos de Trailguard, el tejido insignia de la marca —una mezcla de nylon y elastómero con acabado repelente a líquidos y stretch multidireccional—, que en esta colección estrena un nuevo azul grisáceo inspirado en el tono Stormy Weather, el sello visual de Golf Gorp. La colección explora además, por primera vez, el uso de estampados, y amplía el portafolio con dos camisetas en algodón Pima 100%, reconocido por su suavidad y resistencia.

Dos piezas condensan el momento actual de Remanence: la chaqueta Interval, prenda statement de la colección, desarrollada en Trailguard con silueta de inspiración outdoor, propuesta half zipper y tecnología repelente al agua; y el pantalón chino Zone, una evolución de los chinos más celebrados de la marca, ahora con silueta relajada y dos prenses al frente en el color protagonista de la temporada.

Remanence creció 228% en facturación frente al mismo período del año anterior, con el e-commerce multiplicándose por cinco (+401%) y el retail creciendo 151%, apalancado en una red de aliados estratégicos que hoy suma 25 puntos de venta multimarca en 10 ciudades de Colombia. Para el cierre del año, la marca proyecta un crecimiento del 130% frente a 2025 y el inicio de su apertura a mercados de Centro y Suramérica, con un principio innegociable: la rentabilidad como brújula y la sostenibilidad —financiera, productiva y de marca— como estrategia de largo plazo.

Detrás de cada cifra hay un compromiso que no se negocia: la producción 100 % colombiana. Cada prenda de Remanence sostiene talento nacional y mano de obra textilera local, a través de talleres pequeños y medianos que ofrecen empleo formal y condiciones saludables. El retail propio profundiza ese modelo: el control total de la cadena —del taller a la vitrina— se traduce en pedidos más consistentes para los talleres aliados y nuevas plazas en operación, servicio y logística. La marca es hoy una prueba viva de que la manufactura colombiana puede competir en la conversación global de la moda contemporánea.

Maluma es el director creativo de Remanence, participa activamente en la visión de la marca, presentando a Remanence Center como el modelo que la marca busca replicar en su expansión. El siguiente paso es consolidar la presencia en Colombia con espacios físicos en ciudades como Bogotá, Cali y Barranquilla, para desde esa base iniciar la llegada a Centroamérica a través de boutiques multimarca, llevando a nuevos mercados una convicción que va más allá de las tiendas: construir comunidad en cada ciudad.

“Remanence Center representa la evolución de una marca colombiana que apuesta por el diseño, la calidad y la producción local para competir globalmente. Es la demostración de que desde Medellín se pueden crear productos con estándares internacionales y una identidad propia que fortalece el posicionamiento de la ciudad como referente de la moda latinoamericana”, concluye Ana Villegas.

 

Entretanimiento

El gran debate sobre la ingesta de hidratos de carbono se ha centrado en los últimos años en la cantidad. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que la calidad de los alimentos que los aportan puede ser determinante para la salud.

Un estudio internacional de la Universitat Rovira i Virgili (URV), el Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRB-CatSud) y el CIBEROBN revela que las personas que consumen hidratos de carbono de mayor calidad presentan un menor riesgo de mortalidad, especialmente por cáncer.

La investigación, publicada en la revista Food & Function, destaca la importancia de priorizar alimentos ricos en fibra, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, frente a los productos elaborados con harinas refinadas o bebidas azucaradas.

El equipo ha trabajado con datos de 7 210 participantes del proyecto PREDIMED, uno de los ensayos clínicos más importantes sobre dieta mediterránea y salud cardiovascular.

Los resultados revelan que las personas de la muestra que siguieron una peor dieta —en lo que respecta a la calidad de los hidratos de carbono que consumían— presentaron un 28 % más de riesgo de morir por cualquier causa y un 48 % más de riesgo de morir por cáncer que aquellas con un consumo de mejor calidad.

Todos los participantes —hombres de entre 55 y 80 años y mujeres de entre 60 y 80 años— presentaban un alto riesgo cardiovascular y fueron seguidos durante un periodo medio de seis años. Durante ese tiempo se registraron 425 fallecimientos, de los cuales 169 fueron por cáncer y 103 por enfermedades cardiovasculares.

Para evaluar la calidad de estos alimentos, los investigadores utilizaron el Carbohydrate Quality Index (CQI), que combina cuatro características: el contenido en fibra, la proporción de cereales integrales respecto a los refinados, el índice glucémico —es decir, la velocidad con la que un alimento eleva la glucosa en sangre— y la proporción de hidratos de carbono procedentes de alimentos sólidos en comparación con las bebidas azucaradas.

El objetivo fue evaluar la calidad global de la dieta y no limitarse a contabilizar los gramos de hidratos de carbono consumidos.

“Tradicionalmente se ha prestado mucha atención a la cantidad de hidratos de carbono de la dieta, pero nuestros resultados indican que su calidad puede ser aún más relevante para preservar la salud y aumentar la esperanza de vida”, subraya Jordi Salas-Salvadó, catedrático distinguido de Nutrición de la URV, investigador ICREA y coautor del estudio.

El análisis también ha permitido identificar qué componentes de los hidratos de carbono de calidad tienen mayor peso en esta asociación. Los beneficios se explican principalmente por un mayor consumo de fibra y de cereales integrales.

De hecho, las personas con una menor ingesta de fibra presentaban un 51 % más de riesgo de morir por cualquier causa y un 72 % más de riesgo de morir por cáncer. También se observó un aumento del riesgo entre los participantes que consumían menos cereales integrales, mientras que el índice glucémico, analizado de forma aislada, no mostró una relación significativa con la mortalidad.

Según los investigadores, estos beneficios podrían explicarse porque los alimentos vegetales ricos en fibra también aportan vitaminas, minerales y otros compuestos bioactivos que contribuyen a mejorar la salud metabólica y a reducir el riesgo de enfermedades crónicas.

Los autores concluyen que una estrategia sencilla para mejorar la salud consiste en priorizar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y reducir el consumo de bebidas azucaradas y productos elaborados con harinas refinadas.

Para consultar contenido prémium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el mundo

Entretenimiento

La historia y el oficio de las mujeres caficultoras colombianas, la vida de la primera cumbiera vocalista de una orquesta profesional en el país y una oda a la impermanencia a partir de prendas construidas con técnicas de comunidades tradicionales. Esos son algunos de los puntos de partida desde los que Alado, Juan Pablo Socarrás y Manuela Álvarez construyeron sus recién presentadas colecciones en Colombiamoda 2026.

A pesar de las diferencias en las trayectorias y los estilos de cada una de estas tres firmas, no solo en ellas, sino también en varias de las propuestas de esta edición, hubo un factor en común: la aparición de tradiciones culturales y artesanales, no solo como inspiración, sino también como un elemento técnico y estético crucial.

En esa medida, una de las preguntas que han aparecido –solo por poner un ejemplo– al ver aquellas faldas largas, sombreros y blusas con boleros que inevitablemente recuerdan y, de hecho, son una reinterpretación del traje campesino presentado por la marca de moda de autor antioqueña Alado este martes, es por qué esas piezas, que hicieron parte de la vida cotidiana de nuestros ancestros y que ahora hacen parte de nuestras tradiciones culturales, son consideradas lo suficientemente relevantes como para ser repensadas y luego presentadas en una pasarela, que vemos como sinónimo de novedad, cuando estas ya están instaladas en lo cotidiano y, para nosotros, no son objeto de esa novedad con la que relacionamos la moda.

Primero, para tratar de explicarme esto, recuerdo aquel escándalo que llenó las redes sociales en 2025, cuando comerciantes e influencers chinos aseguraron que era allí, y no en sus talleres en Europa, donde las grandes marcas de lujo elaboraban artículos como bolsos que pueden llegar a costar miles de dólares. Aunque buena parte de esas publicaciones terminó siendo falsa, sí sembraron dudas en un contexto en el que ya había iniciado un cambio en la concepción del lujo –que es donde se enmarcan, entre otras cosas, las piezas producidas por marcas como Dior, Chanel o Valentino–.

Aunque la caída de la demanda obedece a múltiples factores, uno de ellos es que estas piezas ya no representan el estatus que desea proyectar quien las compra, sino que el valor, el verdadero lujo, se encuentra en productos con otro tipo de características. Y eso se conecta, aunque de manera insospechada, con la pregunta del principio.A eso se suma un fenómeno en el que las personas encuentran cada vez más valor en prendas y experiencias –porque esto se extiende incluso a otras industrias– con una carga emocional y una autenticidad profundas, cualidades intrínsecas de aspectos como los materiales con los que están hechas las piezas, quién y por qué las hizo, y cómo fueron diseñadas y fabricadas.

El tema central de Colombiamoda es “Uniqueness is the New Luxury”, el cual plantea una discusión sobre “por qué la autenticidad, la identidad y el valor cultural están redefiniendo el lujo”. Dentro de ese “nuevo lujo”, lo artesanal y la tradición ocupan un lugar relevante: ahora son inspiración, técnica y oferta de valor.

“El lujo ya no se entiende como esos objetos de las grandes marcas o de los diseñadores europeos que cuestan millones. Esta nueva concepción del lujo implica ser capaces de mirar hacia adentro y valorar la tradición artesanal que tenemos en todos los sectores: el textil, la marroquinería, el calzado y la joyería, para integrar todo ese patrimonio a los productos de moda”, explica William Cruz Bermeo, profesor de la UPB e investigador de moda

 

Farandula

La historia y el oficio de las mujeres caficultoras colombianas, la vida de la primera cumbiera vocalista de una orquesta profesional en el país y una oda a la impermanencia a partir de prendas construidas con técnicas de comunidades tradicionales. Esos son algunos de los puntos de partida desde los que Alado, Juan Pablo Socarrás y Manuela Álvarez construyeron sus recién presentadas colecciones en Colombiamoda 2026.

A pesar de las diferencias en las trayectorias y los estilos de cada una de estas tres firmas, no solo en ellas, sino también en varias de las propuestas de esta edición, hubo un factor en común: la aparición de tradiciones culturales y artesanales, no solo como inspiración, sino también como un elemento técnico y estético crucial.

En esa medida, una de las preguntas que han aparecido –solo por poner un ejemplo– al ver aquellas faldas largas, sombreros y blusas con boleros que inevitablemente recuerdan y, de hecho, son una reinterpretación del traje campesino presentado por la marca de moda de autor antioqueña Alado este martes, es por qué esas piezas, que hicieron parte de la vida cotidiana de nuestros ancestros y que ahora hacen parte de nuestras tradiciones culturales, son consideradas lo suficientemente relevantes como para ser repensadas y luego presentadas en una pasarela, que vemos como sinónimo de novedad, cuando estas ya están instaladas en lo cotidiano y, para nosotros, no son objeto de esa novedad con la que relacionamos la moda.

Primero, para tratar de explicarme esto, recuerdo aquel escándalo que llenó las redes sociales en 2025, cuando comerciantes e influencers chinos aseguraron que era allí, y no en sus talleres en Europa, donde las grandes marcas de lujo elaboraban artículos como bolsos que pueden llegar a costar miles de dólares. Aunque buena parte de esas publicaciones terminó siendo falsa, sí sembraron dudas en un contexto en el que ya había iniciado un cambio en la concepción del lujo –que es donde se enmarcan, entre otras cosas, las piezas producidas por marcas como Dior, Chanel o Valentino–.

Aunque la caída de la demanda obedece a múltiples factores, uno de ellos es que estas piezas ya no representan el estatus que desea proyectar quien las compra, sino que el valor, el verdadero lujo, se encuentra en productos con otro tipo de características. Y eso se conecta, aunque de manera insospechada, con la pregunta del principio.

El tema central de Colombiamoda es “Uniqueness is the New Luxury”, el cual plantea una discusión sobre “por qué la autenticidad, la identidad y el valor cultural están redefiniendo el lujo”. Dentro de ese “nuevo lujo”, lo artesanal y la tradición ocupan un lugar relevante: ahora son inspiración, técnica y oferta de valor.

“El lujo ya no se entiende como esos objetos de las grandes marcas o de los diseñadores europeos que cuestan millones. Esta nueva concepción del lujo implica ser capaces de mirar hacia adentro y valorar la tradición artesanal que tenemos en todos los sectores: el textil, la marroquinería, el calzado y la joyería, para integrar todo ese patrimonio a los productos de moda”, explica William Cruz Bermeo, profesor de la UPB e investigador de moda.

A eso se suma un fenómeno en el que las personas encuentran cada vez más valor en prendas y experiencias –porque esto se extiende incluso a otras industrias– con una carga emocional y una autenticidad profundas, cualidades intrínsecas de aspectos como los materiales con los que están hechas las piezas, quién y por qué las hizo, y cómo fueron diseñadas y fabricadas.

En ese sentido, como asegura Cruz, es por eso que los diseñadores colombianos están cada vez más enfocados no solo en recuperar la tradición artesanal de las diferentes regiones del país, sino también “las narraciones que nos son propias”, con el propósito de mostrar, tanto a nivel nacional como internacional, qué sabemos hacer y cuáles son las historias que atraviesan a los colombianos.

Alado, que presentó La Aurora, una colección construida a partir de una investigación de ocho meses en fincas cafeteras, ha trabajado bajo el principio de mantener una conexión sólida con la manera en que están hechas las prendas. Así lo explica Andrés Restrepo, diseñador de la marca, quien asegura que el lujo no se encuentra necesariamente en el acabado, sino en el proceso.

“Para mí hay muchísimo lujo en una prenda tejida a mano, incluso con las pequeñas imperfecciones propias de un proceso manual. El verdadero lujo es el rastro de humanidad que conserva un producto. Y en eso Colombia tiene muy claro su valor, porque todavía preserva muchos de sus oficios. Una pieza hecha a mano, cuyas puntadas fueron dadas por una persona y de la que se puede rastrear quién la hizo, dónde y cómo la hizo, representa el nuevo significado del lujo”, asegura.

En esa misma línea, Manuela Álvarez, creadora de la marca MAZ y encargada de la pasarela inaugural de este año de la feria, sostiene que el lujo latinoamericano proviene de la riqueza cultural, del trabajo hecho a mano y de la diferencia entre una pieza elaborada por una máquina y otra realizada por una comunidad o por una persona.

La diseñadora bogotana, que lleva más de una década trabajando junto a comunidades tradicionales de diferentes regiones del país, ha construido su marca a partir de esa premisa e incluso ha desarrollado toda una metodología de trabajo en la que estas reciben herramientas en temas como mercadeo, costeo, conceptualización y definición de paletas de color y fibras, con el objetivo de que sean autosostenibles y puedan trabajar en cualquier área creativa, para que así apliquen sus saberes en otro tipo de proyectos de diseño y estas tradiciones continúen divulgándose y preservándose.

Restrepo, Álvarez y Bermeo consideran que el país está en una posición privilegiada en este nuevo contexto del lujo, que aún está en proceso de desarrollo.

“Lo que estoy viendo es que el lujo tradicional se está dando cuenta de que este nuevo lujo latinoamericano tiene una enorme cantidad de historias humanas, de alma y de filosofía, y que precisamente de eso quieren empezar a hacer parte. La artesanía les está recordando a las personas que lo artesanal es manual y, por lo tanto, profundamente humano. Ahí se está produciendo un cambio muy importante”, menciona Manuela.

Por su parte, el investigador afirma que el buen momento del país también se debe a aquellas instituciones que desde hace años han impulsado el desarrollo artesanal, como Artesanías de Colombia e Inexmoda, y, por supuesto, a los diseñadores que siguen apostándole a crear a partir de sus vínculos con su lugar de origen, los saberes que los rodean y las comunidades de las que hacen parte. Pero hay un valor adicional: tanto en los procesos como en la puesta en escena, el hecho de que lo artesanal tenga hoy tanta relevancia representa un punto de encuentro entre diferentes maneras de ver el mundo y también una exploración, ya sea del pasado o de aquello del presente que aún no conocemos.

 

Farandula

La actriz y exreina de belleza, Paola Turbay, sufrió un robo en medio de sus vacaciones en Europa. A través de imágenes publicadas en sus redes, mostró cómo quedaron los vidrios del carro, el cual fue atacado violentamente.

Con un conjunto de imágenes a través de su cuenta de Instagram, Turbay dio pistas del hurto sufrido, el cual se produjo bajo la modalidad de rompimiento de vidrio. Según su relato, delincuentes destrozaron el cristal trasero del vehículo en el que se movilizaba la familia para sustraer las pertenencias que estaban en su interior.

Aunque el hecho ocurrió en el marco de su gira por los países de la antigua Yugoslavia, Turbay decidió no revelar el nombre del país específico donde sucedió para no hacerle “mala publicidad”, afirmando que es un destino que aún ama y al que volvería sin dudarlo.

Dentro de los objetos hurtados se encuentran maletas y morrales con todo su equipaje y pasaportes de todos los integrantes de la familia, es decir, de Paola, su esposo Alejandro Estrada y sus hijos Emilio y Sofía, además de otros documentos indispensables para continuar el viaje.

Tras el robo sufrido, Turbay y su familia pusieron la denuncia ante las autoridades locales y acudieron al Consulado de Colombia para gestionar la pérdida de sus documentos.

Además, tuvieron que ir a un almacén a comprar ropa nueva, específicamente “las tres pintas con las que cada uno seguiría su viaje”, ya que se habían quedado sin nada.

Una vez resuelta la emergencia, Paola y su esposo continuaron hacia los Balcanes mientras que sus hijos siguieron con sus propios planes de viaje por separado. En su Instagram, así como informó sobre el robo, la exreina de belleza dejó una reflexión.

En un escrito que acompaña el recopilado de imágenes, Turbay destacó que, tras el impacto inicial, la familia “respiró profundo”, se dieron un abrazo y decidieron mantener la calma para buscar soluciones en lugar de dejarse llevar por la frustración.

Asimismo, hizo énfasis en que no se dejó “dañar” el viaje por lo ocurrido y decidió continuar su recorrido por la antigua Yugoslavia utilizando los podcasts de Diana Uribe para entender la historia de la región, algo que les ayudó a aprovechar la experiencia.

“Sabía muy poco de la antigua Yugoslavia, así que decidimos descubrirla en tren y en carro, muy bien acompañados por los podcasts de Diana Uribe. Es la mejor manera de llegar a un lugar: entendiendo su historia. Conocerla le permite a uno poner las cosas en perspectiva, entender mucho mejor lo que está viendo y sacarle mucho más provecho al viaje”, escribió en Instagram.

En su viaje resaltó a Eslovenia, el primer destino después de haber sido robada. “Nos enamoramos de sus pueblitos medievales, sus calles adoquinadas, su naturaleza, sus ríos cristalinos, los lagos Bled y Bohinj con sus aguas verde turquesa, sus montañas y sus inmensos bosques”

¿Qué objetos les robaron a Paola Turbay y su familia durante el viaje?
Los delincuentes se llevaron maletas, morrales, el equipaje y los pasaportes de todos los integrantes de la familia, además de otros documentos necesarios para continuar con su viaje.

¿Cómo continuó Paola Turbay su viaje después del robo en Europa?
Tras presentar la denuncia, gestionar la pérdida de documentos y comprar ropa básica, Paola Turbay y su esposo continuaron su recorrido por los Balcanes, mientras que sus hijos siguieron con sus planes de viaje por separado.

Farandula

Hace poco más de 15 años, Amparo Grisales recibió una llamada de Juan Esteban Sampedro, vicepresidente de Entretenimiento en Caracol Televisión. La conversación era para proponerle hacer parte de un proyecto pequeñito, con poco presupuesto, un nuevo formato que el canal quería sacar al aire.

– “Yo vivía en Estados Unidos cuando él me llamó. Lo escuché y pregunté de qué se trataba. Yo creo que Dios te tiene ya planeado las cosas bellas que te quiere dar en la vida y, para mí, Yo me llamo ha sido un regalo de Dios”, contó Grisales.

El primer episodio del reality de imitación fue emitido el 22 de agosto de 2011. Amparo recuerda que las grabaciones las hacían en el Teatro Astor, en Chapinero, y que la escenografía era de cartón.

El primer “doble perfecto” que descubrió el jurado –que también estaba conformado por el productor Jairo Martínez y la imitadora profesional Luz Amparo Álvarez– fue el del cantante de vallenato Rafael Orozco.

De ese panel, la única que continúa en el show –uno de los más vistos de la televisión colombiana en los últimos años– es la actriz manizaleña de 69 años, quien, con razón, se ha ganado el título de ser el corazón y el ADN de Yo me llamo.

Quince años después de su estreno, el programa llegará este martes a su undécima temporada, en la que Grisales continuará “erizándose” con la interpretación de los cientos de participantes que audicionarán con la esperanza de ser los ganadores de 500 millones de pesos.

– “Creo que esa es una de las razones por las que Yo me llamo Colombia es tan reconocido. El formato existe en muchos países, pero aquí el nivel de exigencia es mucho mayor. Desde la primera temporada yo dije que debíamos tener dobles perfectos: no basta con que la voz se parezca, también tienen que parecerse físicamente, en la forma de moverse, de mirar y de interpretar. Esto no es un programa de radio. Ver esa evolución, cómo terminan pareciéndose tanto al artista que imitan y cómo logran cumplir sus sueños, es la verdadera magia del formato”, explica la jurado.

Aunque por sus más de cuatro décadas de trayectoria como actriz muchos podrían pensar que, a la hora de evaluar a los concursantes, su mirada se centra únicamente en la imitación de los gestos y la similitud de los movimientos con los del artista que interpretan, lo cierto es que la música también ha ocupado un lugar central en su trayectoria.

Una de sus anécdotas favoritas ocurrió cuando Delia, su mamá, la inscribió junto a sus hermanos en Bellas Artes para estudiar teatro y música. Más adelante, ya dedicada a la actuación, Amparo también hizo parte de montajes de teatro musical como Doña Flor y sus dos maridos y No seré feliz, pero tengo marido. Pero el paso más decisivo para construir una carrera en la industria musical lo dio en 1993, cuando lanzó Seducción, su álbum de baladas románticas y pop latino que contó con diez canciones.

– “La gente puede ser muy envidiosa y hay mucho hater. Durante muchos años a las actrices en Colombia prácticamente no nos dejaron cantar. Muchas lo intentamos, pero nunca tuvimos el apoyo […]. La música ha sido clave en mi vida; sin ella, el mundo sería un lugar vacío. Es una de las frecuencias más hermosas que existen y por eso es tan importante que hayan buenas letras y melodías”, considera.

En esta temporada de Yo me llamo, Grisales seguirá acompañada por el maestro César Escola en la mesa de jurados. Los nuevos integrantes del panel serán el cantante de vallenato Elder Dayán Díaz y el lobo rojo Aurelio Cheveroni.

Además de la competencia de imitadores adultos, en esta ocasión también regresará Yo me llamo mini, cuyo ganador recibirá 100 millones de pesos para financiar sus estudios universitarios. Todos los episodios, además de la transmisión habitual por Caracol a las 8:00 de la noche, también estarán disponibles en la plataforma Ditu.

Al igual que en ocasiones anteriores, Amparo espera que el programa siga consolidándose como “el templo de la imitación más importante de Latinoamérica”. Su apuesta continúa siendo la exigencia, pero también la conexión emocional con quienes consideran un sueño cumplido cantar frente a ella.

Dice que, hasta ahora, la ha sorprendido que, después de once temporadas, el programa no haya dejado de encontrar talentos extraordinarios, no solo de Colombia, sino de diferentes partes del mundo. Es gracias a eso que “la Diva de Colombia” sigue levantando un brazo para recorrerlo con el índice de la mano opuesta mientras grita: “¡Me ericé!”.