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gustavo alvarez gardeazabalEl país ha estado presenciando en los últimos años dos ejemplos contundentes de terquedad. El resultado de tales obstinaciones está comenzando a verse y aunque no los explicitan ,los están sintiendo diversos estamentos de la sociedad colombiana.

El primero de ellos es el de los trasmilenios, que acaba de ser radiografiado a la perfección por Aurelio Suárez en un artículo publicado este fin de semana en El Espectador. Según lo que allí se lee, y es fácil comprobar, la terquedad en montar sistemas masivos de trasporte iguales al Trasmilenio en Bogotá ,han terminado por ser unos sonoros fracasos económicos y sociales. Copiados al estilo maniático colombiano de Curitiba y Bogotá, los ejemplos a mostrar en Pereira, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena solo indican que por ahí no era.

El otro caso de terquedad, ya comenzó a ponerse peligroso. Hace unos años, el entonces ministro de Minas Mauricio Cárdenas, resolvió, muy oligarcamente, que la única forma de combatir la minería ilegal era volar con dinamita las palagruas usadas por los mineros. El, ni el gobierno Santos, pudieron entender que era mejor expropiar por via expedita esas palagrúas y entregárselas a los municipios pobres que tanto las necesitan.

En el caso de los trasmilenios son inevitables  el porrazo,la parálisis y la crisis social. Esos negocios no se sostienen tal cual como fueron equivocadamente concebidos. En el de los mineros ilegales, ya comenzaron las protestas. El fin de semana en San Martin de Loba volaron dos grúas de esas y las gentes se rebotaron, asonada, muertos y heridos.

@eljodario

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