Con toda la tragedia que deja a su paso el covid, recuerdo con estupor la frase del actual embajador de Colombia en Suecia, Cesar tulio delgado blandón quien sin ningún recato afirmó en sus redes “que el virus es una bendición”; miles de muertos, desempleo en altísimos niveles, hogares destruidos, violencia domestica desbordada, gente desquiciada mentalmente, suicidios y hambruna jamás podrán ser bendición para nadie, el político defendió su frase con la tesis que gracias a la pandemia podemos respirar un mejor aire y los animales disfrutan de un hábitat menos hostil. Claro que al Embajador le asiste algo de razón, la pandemia es una bendición para los gobernantes corruptos que hicieron “su agosto” metiéndole la mano a la plata destinada para los mercados de los más vulnerables, para los banqueros a los que el gobierno auxilio con transacciones billonarias, para los negociantes de la salud a los que cada paciente covid les significa ganancias exorbitantes. Cuando se tiene lo económico resuelto se piensa así, el Embajador goza de una pensión millonaria del Congreso, puede resistir encerrado en su confortable casa todo el tiempo, viendo como la cuenta engorda con la mesada puntual de su jubilación, no tiene ningún afán, ninguna necesidad de exponerse en la calle al contagio del maldito virus, pero muy diferente es la situación de miles de personas que tienen que trabajar y producir para comer, los del rebusque, los trabajadores informales, los empresarios con los cuadros terribles de sus empresas arruinadas. Nunca vi tanto dolor, tanta desolación y tanto drama.


















