por Jimena Toro | Oct 21, 2025 | Nacional

VENI CHARLEMOS
POR Jimena Toro Torres
Creo que el amor tiene un poder inmenso: transforma sin hacer ruido. He aprendido que amar no es solo sentir afecto, sino ayudar, comprender, acompañar y no juzgar. El amor verdadero no critica, construye. Y cuando se vive desde ahí, todo cambia.
Me gusta abrazar y se que muchas personas en un momento de sus vidas han necesitado de mi abrazo y me lo han dicho, y es que un abrazo sincero siento que puedo ofrecer alivio, consuelo o simplemente cercanía. Lo he sentido cuando visito a una persona hospitalizada, a un adulto mayor en un ancianato, a una niña o niño que hace la fila varias veces para volver a sentir cariño, ese que no reciben de su familia, porque se piensa que no es necesario.
La soledad es una consecuencia del auge tecnológico, cada vez estamos más cerca del celular y del computador y más lejos de las personas. Cada vez la humanidad cree más en que el dinero soluciona todo y nos olvidamos del ser, y es allí cuando aumenta la depresión y los problemas de salud mental, la gran epidemia del siglo XXI
El amor se nota en los pequeños detalles. Mi papá decía que, “se siente en la sazón de la comida, cuando es preparada con cariño”, y hoy entiendo que también se nota cuando haces las cosas con el corazón: cuando ordenas tu casa, cuando trabajas con dedicación o escuchas a alguien sin interrumpirlo. Todo lo que se hace con amor deja huella.
Me gusta tratar bien a los demás, recibir con una sonrisa, incluso cuando estoy atravesando mis propios desafíos. Entendí que mis problemas no son culpa de nadie, y que el cariño de los otros muchas veces me ayuda a sanar, a transformar mis días grises en momentos de luz.
He comprendido que callar en un momento tenso no es debilidad, es también un acto de amor. A veces no responder es la mejor manera de cuidar, de no herir, de construir en lugar de destruir. Amar también es pensar antes de hablar, es poner el corazón por encima del orgullo.
Cada día intento ser una persona que construye, no que critica. Que ayuda, no que juzga. Porque el amor no busca tener la razón, busca sanar. Cuando actuamos desde el amor, el entorno se transforma: los conflictos se vuelven aprendizajes y las palabras se convierten en puentes que ayudan a aliviar las cargas.
Estoy convencida que, si cada uno de nosotros hiciera un esfuerzo por mirar con amor, el mundo sería un lugar más amable, es hora de cambiar, de dejar a tras tantas historias de odio.
Yo elijo vivir así: abrazando, escuchando, ayudando, construyendo. Porque he comprobado que cuando transformo mi vida desde el amor, todo a mi alrededor también se ilumina.
por Jimena Toro | Sep 27, 2025 | Tribuna de opinion

Hablar de Buenaventura es reconocer dos realidades que conviven, el dolor y la esperanza, Buenaventura se ha construido con una ciudadanía resiliente, que inspira, que a pesar del dolor que le ha tocado vivir, se levanta cada día con una fuerza admirable: mujeres, hombres, jóvenes y líderes que siguen luchando para construir un futuro mejor, que, en cada calle, en cada casa, en cada rostro reflejan la fortaleza de una comunidad que no se rinde.
Buenaventura nos duele, porque la violencia que intentan imponer algunos grupos armados amenaza la tranquilidad de sus habitantes, siembra miedo en los barrios y mancha de dolor el puerto más importante del Pacífico colombiano. Pero también inspira, porque a pesar de esas adversidades, encontramos mujeres que, con sus manos creativas, tejen esperanza a través de la modistería, que, con la gastronomía, la sazón y el sabor tradicional del pacífico vallecaucano, le recuerdan al mundo que la tradición y la cultura también son resistencia.
Son ellas quienes, con la sonrisa característica de la gente del Pacífico y el entusiasmo de siempre, convierten las dificultades en oportunidades para sostener a sus familias y abrir caminos a nuevas generaciones. También son los jóvenes y los líderes barriales quienes, con pintura, música, deporte y cultura, han demostrado que la unión comunitaria puede transformar los espacios y devolverles vida a las calles.
Maestros que siguen fortaleciendo el liderazgo en la formación de jóvenes, enseñándoles que a través de sus acciones se puede cambiar el futuro de las nuevas generaciones, que no se puede sucumbir la esperanza ante los hechos de maldad, porque siempre ellos serán una minoría.
Sí, es cierto que Buenaventura tiene enormes desafíos: falta de empleo, acceso limitado a servicios básicos y, sobre todo, el dolor constante que generan los actos violentos de unos pocos que buscan apropiarse del territorio a través del miedo. Pero también es cierto que este puerto se ha ido transformando gracias al esfuerzo de su gente y al compromiso de quienes, desde la institucionalidad y desde el barrio, creen que otra historia es posible.
Hoy, más que nunca, debemos reconocer que la fuerza de Buenaventura no está en las armas, sino en la capacidad de su gente para unirse, trabajar en equipo y construir juntos. En momentos difíciles, cuando el temor parece imponerse, la única salida es reforzar la solidaridad, multiplicar las voces de quienes apuestan por la vida y cuidar ese tejido comunitario que siempre ha sido ejemplo para todo el país.
Si me duele Buenaventura, pero también me llena de esperanza, porque sé que cada acto de unión, cada proyecto comunitario, cada gesto de ayuda mutua, es una victoria contra la violencia. Y es allí, en esa unión que nace en medio de la
adversidad, donde está la verdadera fortaleza de este pueblo pacífico, resiliente y capaz.