Al igual que en la anterior campaña presidencial el fervor por la candidatura de Gustavo Petro es evidente, se palpa en el comentario callejero, sin temor y en voz alta la gente repite en tertulias “hay que votar por Petro”, lo mismo sucede en las redes donde sus seguidores se enfrascan en duros enfrentamientos con los Uribistas desmintiendo la sarta de acusaciones calumniosas en su contra, generalmente las personas que denigran de él es porque desconocen su trayectoria de lucha sin tregua contra la “mafiopolitica” y todas sus expresiones de corrupción, clientelismo y saqueo de lo público. El líder de la Colombia humana fue condenado por rebelión y porte de armas, únicos delitos por un tribunal militar que no le permitió ser asistido por un abogado defensor en la aciaga época de la represión del estatuto de seguridad del presidente Turbay Ayala, días en los que torturaban civiles en las caballerizas de Usaquén por la simple sospecha de alguna vinculación o simpatía con el M-19; Petro fue capturado por el ejército en Zipaquirá donde había sido elegido concejal en momentos en que le ayudaba a la comunidad a abrir los huecos para instalar el acueducto, lo llevaron arrastrado por las calles y en la guarnición militar fue sometido a vejámenes y torturas; siendo Senador de la Republica pudo conocer los nombres de sus torturadores y al igual que Mándela los perdonó y no tomó ninguna represalia contra ellos, se enroló como militante urbano del M-19 cuando Pastrana le robó las elecciones al general Rojas pinilla, jamás participó en incursiones armadas, secuestros o asesinatos, cumplió su condena de dos años en la cárcel la modelo donde le enseñaba a los internos a leer. El congreso lo condecoró por su lucha contra la corrupción.


















