Era absolutamente previsible que una vez la pandemia “cediera” un poco volvería con vigor la protesta social en las calles, la muerte del abogado a manos de la policía solo fue el detonante que encendió de nuevo la chispa, las causas del inconformismo están ahí, sin atención y sin solución, congeladas en el tiempo, la cuarentena apaciguo la protesta pero no la extinguió y ahora resurge con más fuerza, el gobierno ha sido sordo a las angustias del pueblo, claramente los recursos oficiales benefician en mayor proporción a los sectores económicamente poderosos como los bancos y Avianca, cuyo préstamo es absolutamente leonino, mientras la gran mayoría padece una crisis espantosa. Con simpleza muchos reducen el problema a la expresión de un grupo de vándalos y desadaptados, se niegan a entender las causas de esa furia irracional y destructora de los que salen a cometer hechos de barbarie, son una generación perdida, excluida de todo, sin estudio y sin trabajo, son parias de la sociedad resentidos por la desigualdad social que los priva de derechos tan elementales como una buena formación superior gratuita, que existe en países incluso más pobres que el nuestro; el expresidente Uribe a quien ni la detención domiciliaria ablanda propone sacar los tanques militares del ejercito para masacrar a los manifestantes, cuando lo que debería proponer son formulas para atender a esa franja de excluidos de todos los gobiernos. Los políticos tienen gran responsabilidad en todo este caos y las protestas también deben ser contra ellos.
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