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Sin lugar a dudas Cali hoy es administrada por el gobierno más corrupto de toda su historia. Desde que estrenamos la elección popular de alcaldes en marzo de 1988 la ciudad no había enfrentado una amenaza como la de ahora. Con abominable ferocidad se articula todo tipo de trampas para eludir las licitaciones públicas y mimetizarlas con convenios interadministrativos y el fraccionamiento millonario de contratos para llevarles circo a las familias pobres de la ciudad. El alcalde Jorge Iván Ospina, nombró en cargos claves a amigos personales e incondicionales para dinamizar el desangre al que la ciudad es sometida. Lo triste de este episodio es que un año después del aquelarre de la feria virtual y alumbrado navideño no hay un solo funcionario sancionado a pesar que las autoridades revelan que el daño patrimonial superó el cincuenta por ciento de los veinticinco mil millones de pesos que fueron contratados. Pero también distintas dependencias del gobierno local se llenaron de contratistas para pagarles a políticos que previamente se comprometieron a votar para la cámara y el senado por quienes diga el alcalde. Esas tres o cuatro campañas las pagaremos de distintas maneras los contribuyentes. Lo triste es que toda la clase política conoce de los arreglos que se hicieron para favorecer a aspirantes al congreso y con cargo al tesoro municipal.

Hace poco el objeto social de las empresas municipales fue modificado para blindar la contratación que se hace a dedo. El pasado domingo el periodista Luis Guillermo Restrepo, denunció la existencia de un proyecto de acuerdo que cursa en el concejo municipal para darle más dientes a ese elefante blanco llamado Emru y por medio de la cual esta administración hace trampas para obviar las licitaciones. De este gobierno han renunciado funcionarios probos que no resistieron las presiones del séquito del alcalde para manipular la contratación. Prefirieron perder el empleo antes que volverse cómplices del horror que se apoderó del CAM.

Ya es común escuchar de empresarios que fueron abordados para que pagaran altas comisiones para verse beneficiados con la manipulación de la contratación. Concejales cuentan decenas de testimonios de esa índole. ¿Por qué callan los excandidatos a la alcaldía de la ciudad?¿Por qué no reaccionan los ex alcaldes que están asistidos por la experiencia de haber estado en el cargo y que están en capacidad de dimensionar la perversión de lo público de esta administración?¿Por qué sólo dos concejales están solitarios en sus denuncias públicas? ¿Qué pasa con el resto de esta corporación?¿Qué pasa con los servidores públicos decentes que son mayoría y que al detalle contemplan en silencio este impúdico desangre del tesoro público?

LA POLÍTICA ¿Cuál es la responsabilidad ante la ley penal de los partidos alianza verde, liberalismo y la U que avalaron la candidatura de este alcalde?¿Cuál es la responsabilidad política de la alianza verde, liberalismo y la U que avalaron y que hoy cogobiernan a Cali?

Los tres partidos en mención tienen concejales y congresistas que no son sordos ni mudos pero nunca les hemos escuchado una sola alusión o denuncia sobre la corrupción de esta administración. En conjunto estos partidos tienen once concejales en el municipio y doce congresistas totalmente silenciados.

¿Será que las elecciones que se avecinan y con explosión social de por medio servirán para castigar a estos partidos que son conniventes y actúan como cómplices de la nefasta corrupción que golpea la ciudad? Será tan grande la capacidad de perdón y olvido de los caleños para volver a elegir un alcalde proveniente de esta trágica coalición?

También nos llama la atención la indolencia de congresistas que no apoyaron a Ospina. A Apolinar Salcedo, lo llevaron a las comisiones económicas de la cámara de representantes donde le hicieron un juicio por el tristemente contrato con Sicali que al final le valió su destitución y una inhabilidad por catorce años. Nuestros legisladores están renunciando al control político que en esencia es una de las razones de su existencia. Por qué no escuchamos los gritos del pacto histórico y coalición de la esperanza? Silencio total. Solo ven y denuncian los desaciertos del centro democrático.

La ciudad venía entusiasmada con la revocatoria del mandato del alcalde Jorge Iván Ospina, pero sufrió otra frustración porque apareció un mago y desapareció todas las firmas. A un faltan dos años y casi cuatro meses para que termine el periodo constitucional es un tiempo considerable y la ciudad puede agudizar su empobrecimiento. El único colombiano que puede salvar a Cali se llama Francisco Barbosa, fiscal general de la nación. Nadie más puede defenestrar del tercer piso del CAM al señor Ospina

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