La clase política perdió todo rubor y toda vergüenza, el “aplausoton” protagonizado el 20 de julio en la instalación de las sesiones del Congreso así lo ratifica, una corporación espuria desaprobada por el 90% del país, aplaudiendo de manera frenética a un presidente repudiado por el 85% de los colombianos; fue una comedia patética y desvergonzada, mientras en las calles miles de personas marchaban en rechazo al actual gobierno, los “enmermelados” políticos en un gesto lambón y zalamero aplaudían al proveedor de contratos y prebendas; a eso se ha reducido el ejercicio político, se amangualan para hacerse elegir para luego repartirse el botín del presupuesto público, lo único que les importa es que les den contratos, burocracia y que les adjudiquen a dedo licitaciones amañadas a sus recomendados, de todos lados sacan los recursos para comprar votos, torcer registradores y colocar millonarias vallas publicitarias. Lo triste es que esos mismos que negaron la aprobación de la matricula cero para estudiantes universitarios de escasos recursos, que dijeron no al ingreso mínimo vital para los que están aguantando hambre, dentro de poco recorrerán los sectores populares abrazando y prometiendo las mismas falacias de siempre y la gente los volverá a elegir. Con el despertar de los jóvenes reclamando oportunidades de trabajo y estudio hay alguna esperanza de cambio, aunque la contienda será desigual, a los muchachos si se organizan les tocara enfrentarse sin mayores recursos económicos a verdaderas mafias de la politiquería como la de los charts en barranquilla dueños de la alcaldía, la gobernación y miles de puestos en el gobierno nacional, además del porcentaje que les queda de las obras que les adjudican a sus recomendados donde más de la mitad de la plata va a parar a sus bolsillos.


















