Entrevistar al expresidente Uribe ha sido de las experiencias más desagradables de mi actividad periodística, se molesta cuando se le pregunta del sartal de acusaciones que pesan en su contra, solo le gusta hablar de las “maravillas de su gobierno”, con insolencia descalifica al que le plantea algo que no comparte poniendo en duda su idoneidad y conocimientos, se volvió usual su pregunta a los profesores ¿usted qué materia enseña? Para menospreciar sus argumentos y ridiculizarlos, tiene un ego descomunal está convencido que le hace un gran honor a un periodista al concederle una entrevista, pareciera que todas las acusaciones de hechos atroces que pesan en su contra no han hecho mella en su mesiánica figura, poco le importa el sitial deshonroso que tiene en la historia como el mandatario que permitió u ordeno matar jóvenes inocentes y vestirlos de guerrilleros para mostrarlos como trofeos de guerra, se siente orgulloso de su mandato salpicado de innumerables hechos de corrupción y saqueo del erario como agro ingreso seguro; lo mejor que puede hacer el expresidente es auto entrevistarse que una voz fabricada en el computador le haga las preguntas que le convenga responder; conmigo se molestó porque le pregunté por su cercanía con el señor de Cúcuta dueño de la camioneta que utilizaron para el ataque dinamitero a la guarnición militar y por los señalamientos a su difunto padre de vínculos con sujetos ligados al mundo de la mafia. Un personaje público inteligente y sin tacha aprovecha esas preguntas para aclarar las cosas que le imputan no se ofusca con el periodista, es como esos maridos sorprendidos en pilatunas que usan como estrategia de defensa ponerse bravos.
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