Gracias a los indígenas de la minga muchas personas conocieron quien fue realmente Sebastián de Belalcázar, su acción al tumbar la estatua desencadeno una serie de recuentos históricos que develaron con crudeza quien fue ese sanguinario personaje, frente al hecho hay diferentes posiciones, los que insisten en continuar rindiéndole culto a pesar de haber masacrado miles de indios y los que consideramos que es demasiado homenaje para un corsario como esos; de inmediato los defensores de oficio del genocida de aborígenes acudieron a las comparaciones para equiparar culpas y recordaron la terrible historia de la inquisición argumentando que también hay que tumbar las iglesias católicas pues en esa época los curas quemaron viva mucha gente, la comparación es absurda y no pretendo defender tan monstruoso hecho, una cosa es la iglesia católica como institución y otra la responsabilidad individual de los sacerdotes fanáticos y criminales que mandaron a la hoguera a seres humanos; mi admiración a los valientes indígenas caucanos, nos enseñaron distinta la historia siempre nos hablaron del hidalgo y muy noble conquistador español, nunca nos contaron que le arrojaba perros rabiosos a los indígenas para que los devoraran vivos. En otro tema los medios nacionales son descarados en su gobiernismo servil y luego se quejan porque la gente los rechaza y los insulta; sobre el paro intentaron demostrar que todo había sido vandalismo y odio irracional, en Blu radio dijeron que “las protestas no eran contra el gobierno”, por fortuna existen las redes. lo que vimos esos días fue un pueblo cansado del abuso del presidente que se atreve a desafiar una pandemia como estas para reclamar sus derechos.


















