En algún punto durante el primer año de Gustavo Petro como presidente, al Centro Democrático ―que desde el inicio se declaró de oposición― le llegó una especie de “reclamo”: Enrique Gómez, según cuentan en esa colectividad, le habría hecho saber al expresidente Álvaro Uribe que aspiraba a ser el líder de esa oposición: había sido candidato presidencial en 2022 y obtuvo entonces el 0,23 % de los votos.
La propuesta no prosperó. Gómez no hacía parte del Centro Democrático (CD) que ya llevaba un rato como el único partido de oposición en ese momento. Por eso, dentro de la colectividad, la idea de que pudiera asumir su liderazgo no encontró espacio. O al menos así lo ven en el uribismo.
“Pasan estos años y él encuentra un vehículo en la campaña de Abelardo de la Espriella, y empieza una actitud de hostilidad hacia el Centro Democrático”, dice a este medio una fuente enterada.
Hoy el CD parece haber quedado en una posición incómoda. De un lado está su apoyo público al Gobierno, el mismo respaldo que le ha servido al Ejecutivo, hasta ahora, para sacar adelante el presupuesto en primer debate o para frenar las mociones de censura contra sus ministros.
Del otro está el esfuerzo por no ceder terreno en sus bases frente a esa “nueva” derecha con la mirada puesta en 2027.
Las lecturas del “desorden”
Por eso, dentro del partido hay quienes creen que si es que hay algún tipo de “desorden”, este sería consecuencia de las presiones externas heredadas de la campaña presidencial.
Otros, como el representante antioqueño Juan David Zuluaga, señalan que hay que “pasar la página y no enfrascarse en peleas que no le sirven al país” con los otros partidos de la coalición de Gobierno.
También hay quienes se niegan a reconocer que existan rupturas dentro del partido. “El Centro Democrático tiene matices y María Fernanda Cabal era uno de esos, uno que yo respeto y admiro”, dijo a medios el representante José Jaime Uscátegui a propósito del último capítulo de tensiones que se han hecho visibles en la derecha: la renuncia de Cabal al CD. “El Centro Democrático es un partido más vivo que nunca”, agregó.
Aunque la de Cabal era una decisión que ya estaba casi cantada, para algunos militantes es señal de que algo no anda del todo bien dentro de la colectividad. Y eso ocurre en un partido que, pese a todo, vota con disciplina y recuperó curules con respecto a hace cuatro años.
“El partido tiene hoy tres retos: el primero, traer gente nueva; el segundo, mantener a la que está, y el tercero, aceptar que hay gente que se fue. Mucha gente se distanció del partido, y a esa gente no hay que maltratarla, hay que volverla a atraer”, dijo el representante Daniel Briceño
















