
Los periodistas “famosos” o pertenecientes a grandes medios, se creen investidos de una autoridad superior para cuestionar a todo mundo, todo les parece sospechoso, todo es espurio, en la más mínima actuación de alguien quieren encontrar el hecho doloso como si todos tuvieran que ser bandidos y ocultar algo, claro que el periodista debe tener un espíritu investigativo, hay ejemplos como el de Manuel Teodoro que en su espacio Séptimo día, desnuda cosas muy delicadas sin asumir el papel de fiscal que asumen otros; en los espacios informativos de la mañana Julio Sánchez y Néstor morales convierten sus cabinas en verdaderas trincheras de guerra y buscan por todos los medios poner en evidencia a sus entrevistados, la charla resulta exitosa si el invitado se enoja, olvida algún dato o lo descubren en alguna imprecisión; en esas estaba Vicki Dávila cuestionando el uso del avión presidencial para llevar niños a Panaca y fue troya cuando su interlocutor le recordó que ella hacia lo mismo llevando a su esposo cuando Santos era Presidente; somos fáciles para mirar la paja en el ojo ajeno, pero no miramos la viga en el propio.
Aquí el concejal Roberto Ortiz paga noticieros radiales para destrozar las administraciones locales con la esperanza que eso le sume réditos a él para llegar a la alcaldía. No se trata de aplaudir la prensa servil arrodillada al poder, pero los periodistas no somos jueces de nadie, ese no es nuestro papel.

















