Los hijos con sus actuaciones irresponsables causan profundo dolor en sus padres; sin desconocer el drama de la familia de la niña indígena violada por los soldados, también me abruma la tragedia para los parientes de los muchachos abusadores, son adolescentes, hace poco eran solo unos niños y hoy afrontan una situación terrible ante la justicia que les puede significar los mejores años de su vida en una prisión, ver a un muchacho tirarse la vida de forma tan miserable es desconsolador, todos los sueños por labrarse un futuro arrojados a la basura en un maldito momento de locura. Los jóvenes en su inmadurez se dejan presionar de manera negativa por sus amigos, hay un “influenciador” que lleva la iniciativa y los convence de participar, los carea y los reta a hacer cosas impensables y los muchachos para demostrar que son capaces terminan accediendo a cometer estupideces para no quedar como el cobarde del grupo, así los incitan al mundo de las drogas, no tienen el carácter suficiente para rechazar de plano la invitación a la “pruebita”; educadores y padres deben estimular en los jóvenes su autonomía y raciocinio para distinguir entre lo bueno y lo malo, para que aprendan a tomar decisiones con criterio propio y no “pedaleados” por otros; casi siempre estos inexplicables comportamientos son inducidos por “amigos” y los débiles se dejan conducir al precipicio para lograr la aceptación del resto; desde niños deben aprender a decir no, cuando hay que hacerlo.


















